El Maestro Secreto y sus Misterios
Cuarto Grado
Dr. Jorge Adoum
Capítulo II
El Génesis
5. En el principio, Dios (el Ser Recóndito) creó
el Cielo y la Tierra (emanó de Sí al Espíritu y al cuerpo). Sin
embargo, la Tierra (cuerpo o material primordial) se hallaba desnuda
y vacía (del Espíritu de Vida) y las tinieblas estaban sobre la
faz del Abismo (porque el Verbo no se había hecho carne); y el Espíritu
de Dios era llevado sobre las aguas. (La voluntad del Ser Recóndito
era que su Espíritu se introdujera en la materia primordial para
formar el cuerpo).
Y dijo Dios: “Hágase la luz”, y se
hizo la Luz (esto es, que penetre el espíritu en la materia para
la manifestación).
Y vio Dios que la luz (la manifestación) era
buena; (de acuerdo con la Ley) y separó a la luz de las tinieblas.
(A pesar de que el Espíritu Divino se va velando a medida que desciende
en la materia, a tal punto que mal se puede reconocer su divinidad,
si bien esa energía no deja de estar presente, aunque las formas
finitas la limiten).
Para comprender mejor estos bellísimos versículos,
podemos traducirlos de esta manera: En el Principio, al dividirse
el Ser Recóndito y convertirse en dos para manifestarse, emanó de
sí al PENSADOR, PADRE Y CREADOR del Cielo y de la Tierra,
o mejor dicho, al MODELADOR, el Gran Arquitecto del Universo.
Cuando el Padre o PENSADOR concibe un pensamiento, produce
el primer movimiento, que se llama Espíritu Santo o Dispensador
de Vida, en el seno de la VIRGEN MARÍA (Materia Primordial).
Esta acción o movimiento de gloriosa Vitalidad despierta a los átomos
y los dota de nueva fuerza de atracción y repulsión. Así se forman
las subdivisiones inferiores de cada plano.
En la materia así
vivificada, nace el Hijo, segunda Persona de la Trinidad, se hace
carne, se reviste de forma, y nace de la Virgen. Así, pues, la Vida
que emana del Pensador penetra vibrando en la materia, ambos sirven
de vestimenta al Hijo, y se dice: “Nace del Espíritu Santo y de
la Virgen María”, y los tres forman el Templo de Dios Recóndito
en el Hombre.
Cuando el Pensador emite su pensamiento en el Hombre,
lo invita a actuar, y el saber es “conocimiento de las causas que
producen actos”. Este es el objetivo de la vida, juntamente con
el desenvolvimiento de la voluntad aplicada al resultado de la experiencia
que nos conduce por la senda de la luz.
6. ¿COMO Y DONDE?.
El Ser Recóndito, Inefable y Absoluto tiene tres puntos en la cabeza,
cada uno de los cuales es la sede particular de cada uno de los
tres Aspectos.
El Primer Aspecto, el Padre, domina exclusivamente
la cabeza; el Segundo rige el Corazón; mientras que el Tercero domina
el sexo. Es necesario meditar detenidamente sobre esto para comprender
estudios posteriores. En realidad, no hay más que un solo Ser Recóndito;
sin embargo, visto desde el mundo físico, se manifiesta en tres
aspectos.
El Padre tiene su sede en un Átomo, llamado Átomo del
Padre, que se halla en un punto impenetrable de la base de la nariz
o del espacio inter ciliar, y su reino se encuentra en la cabeza;
se refleja en el hígado, que es el centro de la emoción. El Hijo
tiene su sede en un Átomo, en la Glándula Pituitaria, y su reino
se halla en el corazón, que es el regente de la sangre que nutre
a los músculos.
El Espíritu Santo, cuyo Átomo está ubicado en
la glándula pineal, domina lo cerebro-espinal hasta las glándulas
sexuales. El Padre, en la base de la nariz, es el Poder Creador
y Pensador. Tiene a su cargo los movimientos voluntarios. El Espíritu
Santo es el Poder Creador mediante los movimientos involuntarios,
como la digestión, la asimilación, la circulación de la sangre,
etcétera. El Hijo, en el corazón, tiene el Poder Creador mediante
el conocimiento y el amor.
La mente, como instrumento para adquirir
conocimiento, es inestimable cuando obedece al Ser Recóndito para
gobernar por medio de sus tres aspectos; sin embargo, la mente se
halla limitada por los deseos e inmersa en la naturaleza inferior
egoísta, haciendo que sea difícil que el Ser Recóndito pueda gobernar
el cuerpo.
Cuando el mundo interno influye sobre la mente, da
paso a la quietud y la concentración, mas el mundo externo constituye
el cuerpo mental e influye sobre este, y tiende a expresarse por
medio de los músculos creados por el cuerpo de deseos que forman
un camino recto hacia la mente dispuesta a aliarse con el deseo.
Esto es lo que estorba al Ser Recóndito y lo priva de poder de manifestación
mediante el movimiento voluntario del organismo.
Entonces, el
Ser Recóndito toma otro camino para dominar al cuerpo y se vale
del Átomo del Espíritu Santo en la Glándula Pineal; a pesar de que
este domina el sistema cerebral y el sistema nervioso simpático,
tiene un gran rival que se halla en la base del sistema: es el Enemigo
secreto que domina la parte inferior del sistema, la defiende y
convierte a este último en un sistema involuntario; de manera que
los actos voluntarios se encuentran bajo el dominio de la mente,
y los involuntarios son regidos por el enemigo secreto, creador
del instinto y la sensación.
Entonces, el Ser Recóndito no tiene
más remedio que dominar el Átomo del Hijo en el corazón, porque
este órgano participa al mismo tiempo en los actos voluntarios de
la mente y en los involuntarios del sistema nervioso. Este es el
único órgano del cuerpo que posee los dos movimientos y el que más
obedece al Ser Recóndito.
Puesto que la obra activa del Ser Recóndito
radica en la sangre para alimentar, ora al organismo, ora al sistema
nervioso, a estos les sobra vida, y la sangre se convierte en el
vehículo de la memoria subconsciente que moviliza a toda la máquina
humana.
Luego, la sangre pasa cíclicamente por el corazón, comunicándole
la voluntad del Ser Recóndito cada vez que pasa por él, y así el
corazón se convierte en foco de Amor Altruista y, al mismo tiempo,
en órgano del Pensador. Por eso se dice: “Tal como el hombre piensa
en su corazón, así es él”, y por eso muchas veces se habla del corazón
en la Biblia: “Hijo mío, dame tu corazón”. “Y este pueblo me honra
con sus labios, pero su corazón está lejos de mí, etcétera”.
Cuando el pensamiento y el Amor se reúnen en el corazón, mediante
impulsos intuitivos impulsan al hombre a actuar, y sus obras serán
siempre buenas, por ser hijas de la Sabiduría y del Amor Cósmico.
El Reino de Dios está dentro de nosotros; esto es, los Tres Aspectos
del
Ser Recóndito, que se manifiestan en Poder, Amor y Realización,
se reúnen en el Corazón del Hombre.
7. PENSAR EN EL CORAZÓN.
El primer pensamiento del hombre es el impulso del corazón, el cual
nos conduce hacia la Fraternidad Universal.
El Átomo Padre está
dando siempre buenos consejos a los átomos mentales, pero aquí precisamente
comienzan las complicaciones. Cuando el Espíritu Pensador en el
hombre aconseja bien mediante la primera impresión o impulso del
corazón, el cerebro comienza a razonar y el resultado de esto es
que, en la mayoría de los casos, domina al corazón. La mente y el
cuerpo de deseos frustran los designios del espíritu; ambos toman
la dirección de los hechos y, puesto que los dos carecen de la Sabiduría
Divina del Corazón, el cuerpo y el espíritu sufren las consecuencias.
Entonces, el pensamiento destruye ciertos tejidos nerviosos y el
desgaste ataca el cuerpo y necesita tiempo para que la sangre, vehículo
del Ser Recóndito, lo restaure; sin embargo, esto significa un retroceso
en la evolución. Cuando el corazón se convierte en órgano completamente
dócil con el Ser Recóndito y el músculo voluntario de este, la circulación
de la sangre queda bajo el dominio del Único Dios en el hombre,
el Espíritu del Amor, que entonces impedirá, a voluntad, la entrada
de los átomos egoístas que fluyen desde el cerebro y desde la base
de la espina dorsal, y el resultado de esto es que esos átomos se
irán alejando del hombre poco a poco.
Con el tiempo, el Ser Recóndito
aumentará en la sangre los átomos altruistas y vigorizará con ellos
la sangre, que es su vehículo y, de esa manera, dominará perfectamente
en el corazón con su Amor Divino; entonces la naturaleza pasional
será conquistada, y la mente se liberará de los deseos, y así el
hombre se convertirá en una ley y será UNO COMO EL. Tras conquistarse
a sí mismo, entonces conquistará todo el mundo.
Sin embargo,
una vez que la mente empieza a razonar contra la voz del corazón,
la inteligencia se ve envuelta en sustancias de átomos densos que
destruyen su comunicación con el Dios Recóndito. La atmósfera de
esos átomos densos es la morada del demonio oculto en el hombre;
es la esfera inferior de la naturaleza humana.
En esa atmósfera,
el demonio tiene esfera propia, y allí enseña a la mente el raciocinio,
la crítica y la duda para destruir la fuerza de la intuición. El
Padre nos envía desde el entrecejo los buenos pensamientos que forman
la intuición en el corazón; mientras que el Átomo del Enemigo oculto
nos manda los malos pensamientos desde la base de la columna vertebral,
y ellos forman la duda en la zona del ombligo, centro mágico en
el que surge la fortaleza del hombre. En este centro se entabla
la tremenda lucha entre el temor y la valentía, entre lo positivo
y lo negativo; si el bien triunfa sobre el mal, se dice que el Ángel
Miguel derrota al demonio y lo hunde en lo profundo del infierno
de nuestro ser, pero el mal prevalece y nos arrastra a ese infierno.
La palabra es el pensamiento manifestado, cuyo objeto es afirmar
o vestir al pensamiento, con ropaje adecuado. Cuando se emplea la
palabra durante la concentración mental (que es vibración dirigida
hacia un solo objeto), las vibraciones de la voz despiertan las
actividades de los centros ocultos en el hombre y nos ponen en contacto
con los señores de la mente que obedecen a la voz del Verbo.
