ALQUIMIA
Tradición que no murió
Dr. Gerard Encausse (Papus)
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo I
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo II
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo III
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo IV
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo V
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo VI
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo VII
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo VIII
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo IX
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo X
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo XI
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo XII
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo XIII
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo XIV
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo XV
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo XVI
Capítulo VI
La Piedra Filosofal: Pruebas De Su Existencia
Afirmamos que hay pruebas irrefutables de que
la Piedra Filosofal existe, y pasaremos a exponer los hechos sobre
los cuales basamos nuestras convicciones.
Hemos dicho los hechos, pues lo que se demuestra mediante razonamientos
más o menos sólidos puede considerarse absolutamente serio. En el
campo de la historia, lo que se afirma suele ser fácil de comprobar
en esta época y, por ello, verdaderamente irrefutable.
Ahora vamos a exponer los argumentos invocados por los adversarios
de la Alquimia contra la transmutación; éstos son hechos que, por
sí solos, podrán refutar victoriosamente cada una de esas objeciones.
Correspondió al mayor de los hermanos Geoffroy encargarse, en 1772,
de efectuar el proceso de los alquimistas ante la Academia. Si damos
crédito al memorial que él presentó, los numerosos casos de transmutación,
sobre los cuales los adeptos basan su fe, se pueden explicar fácilmente
como supercherías, filósofos irreprochables, como Paracelso y Raimundo
Lulio, dejan de lado, por un momento, las especulaciones abstractas
para efectuar astutos escamoteos ante personas crédulamente embobadas.
Sin embargo, analicemos los medios para engañar de los que ellos
disponían, y procuremos establecer condiciones experimentales que
anulen tales argumentos.
Según Geoffroy, los alquimistas se valen de los siguientes elementos
para engañar a los asistentes:
- Crisoles de doble fondo.
- Carbones (o varitas huecas), previamente rellenadas con oro en polvo; y
- Reacciones químicas desconocidas en ese entonces, y conocidas perfectamente hoy en día.
A fin de que se concrete una de estas condiciones,
es necesario que el alquimista esté presente en la operación o que
haya tomado contacto, de antemano, con los instrumentos empleados.
Por lo tanto, la condición primera e imprescindible, para determinar
experimentalmente una transmutación, consiste en que el alquimista
esté ausente.
Además, será preciso que no haya tenido en sus manos objeto alguno
que luego sirva para esa transmutación. Y para responder al último
argumento, es indispensable que las premisas fundamentales de la
química contemporánea sean incapaces de explicar normalmente el
resultado obtenido. Para que nuestro trabajo encuentre una prueba
más sólida aún, es preciso que sea el lector mismo quien pueda controlar
con facilidad todo lo que sostenemos. Por este motivo, extraeremos
nuestros argumentos de una sola obra:
La Alquimia y los Alquimistas, del ya citado Figuier. Antes de proseguir,
recordemos las condiciones más esenciales:
- Ausencia del alquimista;
- Que no haya tocado nada de lo que el operador utilice;
- Que el hecho no pueda ser explicado por la química contemporánea. Incluso podemos agregar esta otra condición: 4. Que el operador no pueda ser sospechado de complicidad.
Abrimos el libro de Figuier, edición de 1854,
capítulo III, en la página 206. Allí no encontramos un solo hecho,
¡sino tres! que responden a todas nuestras condiciones y que vamos
a comentar uno por uno. El operador no solo no es alquimista sino
que es un sabio respetado y un enemigo declarado de la Alquimia:
esto responde, con más fuerza aún, a nuestra cuarta condición. Hablamos,
en primer término, de Helvetius y de su transmutación.
Citamos textualmente a Figuier, “Johann Frederick Schweitzer (1625-1709),
conocido con el nombre latino de Helvetius, era uno de los adversarios
más acérrimos de la Alquimia y había alcanzado notoriedad por un
escrito suyo contra el “polvo simpático” (sympathetic powder) de
Sir Kenelm Digby (1603-1665).
El 27 de diciembre de 1666, recibió en La Haya la visita de un extranjero
vestido como un hombre corriente del norte de Holanda, quien se
negó obstinadamente a dar a conocer su nombre. El extranjero dijo
a Helvetius que, enterado de su disputa con Sir Digby, acudía para
darle pruebas concretas de que la Piedra Filosofal realmente existía.
En una larga conversación, el adepto defendió los principios herméticos
y, para disipar las dudas de su adversario, le mostró la Piedra
Filosofal:
- Se hallaba en una cajita de marfil y era un polvo metálico cuyo color era el del azufre. Helvetius instó al desconocido a demostrar, mediante fuego, las virtudes de su “polvo”, pero el alquimista se negó a ello y se marchó, no sin antes prometer que regresaría tres semanas después.
“Mientras conversaba con ese hombre y examinaba
la Piedra Filosofal, Helvetius se las ingenió para separar con una
uña unas partículas.”
Cuando estuvo solo, se dedicó a poner a prueba las supuestas virtudes
de esas partículas. Fundió plomo en un crisol y efectuó la proyección.
Sin embargo, todo se disipó en una humareda.
Lo único que quedó en el crisol fue un poco de plomo y tierra vitrificada.
Entonces, Helvetius pensó que aquel hombre era un impostor, y habría
olvidado lo ocurrido si, tres semanas después y en el día señalado,
el extranjero no hubiese reaparecido.
Sin embargo, se negó a efectuar él mismo la operación, pero cediendo
a los ruegos de Helvetius, le regaló un poco de su “Piedra”, cuyo
grosor era apenas el de un grano de mijo.
Y como Helvetius expresó sus temores de que tan pequeña cantidad
de sustancia careciera de la menor propiedad, el alquimista, considerando
que incluso ese regalo era demasiado dispendioso, retiró la mitad
y le dijo que lo que quedaba era suficiente para transmutar algo
más de una onza y media de plomo.
Al mismo tiempo, se encargó de informarle sobre las precauciones
que debía tener para que la Obra fuera exitosa y, sobre todo, le
recomendó que, en el momento de la proyección, recubriera la Piedra
Filosofal con un poco de cera para protegerla del humo del plomo.
En ese instante, Helvetius comprendió por qué había fracasado en
su intento de transmutación; no había recubierto la Piedra con cera
y había descuidado, en consecuencia, una precaución indispensable.
Además, el extranjero prometió regresar el lunes para asistir a
la experiencia.
“El lunes, Helvetius aguardó inútilmente. Así pasó todo el día sin
que se presentara nadie. Al anochecer, la esposa de Helvetius, incapaz
de contener su impaciencia, le urgió para que intentara él solo
la operación. Entonces, él lo hizo en presencia de su esposa y de
sus hijos.”
“Fundió una onza y media de plomo, proyectó sobre el metal fundido
la Piedra recubierta de cera, tapó convenientemente el crisol y
lo dejó expuesto a la acción del fuego durante un cuarto de hora.
Al cabo de ese lapso, el metal había adquirido un bello color verde:
era oro fundido, el cual, colado y enfriado, adquirió un color amarillo
espléndido.”
“Todos los orfebres de La Haya estimaron muy alto el valor de ese
oro. Povelius, aquilatador de las monedas de Holanda, lo sometió
siete veces a la prueba del antimonio sin que su peso disminuyera.”
Así es cómo Helvetius narró esta aventura. Los términos y pormenores
precisos de su relato excluyen toda sospecha de impostura por parte
de él.
Este hecho le maravilló de tal manera que escribió su Vitulus aureus,
(La Haya, 1667, obra reproducida en Museum Hermeticum Reformatum,
Francfort, 1678, y The Hermetic Museum Restored and Enlarged, Londres,
1893).
De esta manera es cómo él narra lo ocurrido y sale en defensa de
la Alquimia.
- Gérard Anaclet Vincent Encausse - Papus
- Obras de Gérard Anaclet Vincent Encausse - Papus
- Alquimia por Gérard Anaclet Vincent Encausse - Papus
Inicio | Elmmer Fox| Kibalion| Artículos| Papus| Régimen Escocés Rectificado| Louis Claude de Saint Martín| Jean Marie Ragon| Enlaces| Enlaces Martinistas|