ALQUIMIA

Tradición que no murió
Dr. Gerard Encausse (Papus)

Capítulo XVI
Cómo Estudiar Alquimia, Y Conclusión


Aconsejamos leer íntegramente, en primer término, La Alquimia y los Alquimistas, de Figuier.
Aunque el autor se erija en adversario enconado de la Filosofía Hermética, su libro está muy bien escrito y, salvo algunos errores de poca monta, merece ser considerado seriamente.
Sobre todo, es notable la parte histórica, y su lectura permite demostrar, categórica y evidentemente, la existencia de la Piedra Filosofal.
Por lo tanto, Figuier debe ser estudiado por la parte histórica que su obra contiene.
Es entonces cuando se podrá leer la obra de un alquimista de verdad, y tomar conocimiento de este estilo extraño y figurado.
Aconsejamos vivamente estudiar, desde este punto de vista, la obra de Cyliani, a quien ya citamos en los Capítulos IX, X y XI.
Se observará que, incluso en el siglo XIX, el lenguaje simbólico todavía se usa, a pesar de la química contemporánea.
También se podrá tener en cuenta lo que aquel alquimista relata sobre sus cuarenta años de sufrimientos e investigaciones, y cuán difícil fue la labor que él emprendió.
Este texto es rarísimo, y tal vez se halle en la Biblioteca Nacional de París.
Finalmente, la instrucción elemental se completará si se lee la Historia de la Filosofía Hermética (Histoire de la Philosophie Hermétique), de Langlet du Fresnoy, y los autores reproducidos en los dos tomos de la Biblioteca de Filósofos Químicos (Bibliothéque des Philosophes Chimiques), de Salmon (1667-1736).
Es una obra póstuma, publicada en 1753.
Puesto que existen más de tres mil textos sobre Alquimia, creemos que debemos limitarnos a dar los más importantes.
Quienes quieran llegar a ser alquimistas prácticos (y los compadezco muchísimo), deberán tomar conocimiento de todos los maestros, sobre todo de las obras de Abu Abadía Jabir ibn Hayyan Geher (siglo VIII), Raimundo Lulio (1235-1315), Basil Valentine (o Basilius Valentinus, o Basilio Valentín, siglo XV), Paracelso (Aureolus Theophrastus o Philippus Theophrastus Bombastus von Hohenheim, 1493-1541), y Jean Baptiste van Helmont (1577-1644).
28 28 Ver Bibliografía en castellano.

CONCLUSIÓN

Hemos llegado al final de nuestro trabajo y esperamos haber alcanzado el objetivo que perseguíamos: Demostrar que la Piedra filosofal no es solamente posible, sino que existe y ha dado pruebas irrefutables de su existencia.
A los lectores serios, carentes de partidismo y preconceptos, les rogamos que estudien bien lo que afirmamos, verifiquen su autenticidad en los libros originales (lo cual es fácil, en la Biblioteca Nacional de París), y se cercioren de sí allí hay pruebas irrefutables o solamente simples conjeturas, despojadas de todo fundamento sólido. El amor por la verdad es lo único que nos indujo a defender a los alquimistas, a estos filósofos humildes, a quienes se conoce muy poco y se calumnia demasiado.
Ojalá indujéramos a algún investigador más instruido por nosotros a desarrollar y ampliar esta clase tan particular de estudios.
Además, asistimos a un verdadero renacimiento de la antigüedad. Los tan curiosos fenómenos de la sugestión vienen a destruir apropiadamente las conclusiones apresuradas, y es posible que, en el siglo XX, se constituyan finalmente la SÍNTESIS y la alianza de la física positivista de Occidente con la metafísica idealista de Oriente.
Ojalá esté cercano el día en el que todas las filosofías reingresen en la Unidad de una misma CIENCIA, todos los cultos se reincorporen en la Unidad de una misma FE, y la ciencia y la Fe den nacimiento, mediante su alianza, a ¡la síntesis de una sola VERDAD!

 


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