ALQUIMIA
Tradición que no murió
Dr. Gerard Encausse (Papus)
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo I
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo II
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo III
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo IV
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo V
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo VI
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo VII
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo VIII
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo IX
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo X
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo XI
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo XII
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo XIII
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo XIV
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo XV
- Alquimia Tradición que no murió Capítulo XVI
Capítulo XV
Un Alquimista Práctico
En esa época yo realizaba un trabajo que todavía
permanece inconcluso.
Trataba de reducir todos los términos alquímicos a sus equivalentes
de la química contemporánea.
La tarea era fácil con algunos de ellos, y dificultosa con otros.
Cuando la mera teoría no me bastaba, entonces apelaba a la experiencia.
Fue por eso que, cuando estaba sublimando una mezcla de nitrato
de potasio y mercurio, mediante el procedimiento alquímico, observé
que se produjeron tres sales de diferente aspecto físico, aunque
de idéntica composición química.
Estas tres sales eran las indicadas claramente por los alquimistas,
sin que los químicos las mencionaran para nada.
Esto mismo fue lo que me había impulsado a intentar la experiencia.
Todo trabajo ocultista despierta y repercute en un nivel de ideas
que guarda una correspondencia exacta en los tres mundos.
Tampoco me asombré cuando inopinadamente recibí la visita de un
hombre de unos cuarenta años, bien vestido, quien me confesó que
se ocupaba de la Piedra Filosofal hacía diez años.
Aducía haber hallado la dirección del fuego astral y dedicarse a
mostrar su acción a la persona que pudiera, no para que le adelantara
dinero, pues no lo quería, sino para que le alquilara una casita
por un año.
La persona que eso hiciera seguiría siendo propietario de esa casita.
Eso le permitiría concluir cómodamente su trabajo.
Puesto que “mis aposentos” están constituidos por una habitación
situada cerca del cielo, y todo lo que puedo ganar lo consagro a
difundir el Ocultismo, me era imposible adelantar los mil doscientos
francos necesarios para satisfacer el sueño de aquel alquimista.
Por ello, le llevé a ver a diversos ocultistas ricos, pero éstos
no quisieron arriesgar esa suma.
Yo habría hecho cualquier cosa por ver la prometida experiencia,
pues ésta era la condición sine qua non de la entrega del dinero.
Para recompensar mis esfuerzos, el alquimista, me regaló una botella
que contenía una sustancia blanca, de olor muy penetrante y dotada
de curiosas propiedades físicas.
Esta sustancia es tan higrométrica que una porcioncita puesta sobre
el agua se agita de inmediato violentamente, recordando un poco
al sodio, pero sin inflamarse jamás.
Todavía no he tenido tiempo para analizar esta materia que, según
pienso, es de origen orgánico.
Desde entonces, el alquimista de quien hablo continúa sus trabajos.
Vive en Winterthur, en la Suiza de habla alemana, y se llama H.
Etter.
Es un hombre muy serio y sumamente erudito en Ocultismo.
Si algunos de mis lectores visita ese lugar, puede ir a ver las
experiencias de este “filósofo del fuego”.
Es el único alquimista práctico a quien yo conozco, además de una
Asociación situada en los alrededores de Gortiz, en Austria.
Hice ese descubrimiento hacia la misma época de un zapatero, portero
en un callejón de Menilmontant, quien poseía la más completa biblioteca
sobre Alquimia que yo jamás había visto.
Muy afecto a sus estudios, el zapatero al que me refiero, socialista
de la escuela de Fourier y de Torreil, durante cuarenta años había
estado comprando esos libros, uno tras otro, a revendedores de curiosidades.
Entre otras obras raras, tenía manuscritos herméticos de gran valor.
En la actualidad se vio obligado a vender casi todos sus tesoros.
Había leído y tomado nota de todo, y era muy erudito en Ocultismo
como para ser un interlocutor del Venerable Maestro el día de su
Iniciación.
Sin embargo, nunca había intentado practicar la Alquimia.
Nuestra monografía no sería completa si concluyéramos sin indicar,
por lo menos, los libros más útiles para quienes quieran llegar
más lejos en estos curiosos estudios.
Esto es lo que intentaremos hacer.
- Gérard Anaclet Vincent Encausse - Papus
- Obras de Gérard Anaclet Vincent Encausse - Papus
- Alquimia por Gérard Anaclet Vincent Encausse - Papus
Inicio | Elmmer Fox| Kibalion| Artículos| Papus| Régimen Escocés Rectificado| Louis Claude de Saint Martín| Jean Marie Ragon| Enlaces| Enlaces Martinistas|