ALQUIMIA

Tradición que no murió
Dr. Gerard Encausse (Papus)

Capítulo XII
Las Multiplicaciones


Las dos tinturas de las que acabo de hablar: -la blanca y la roja- son susceptibles de multiplicarse en calidad y cantidad, mientras no hayan sido sometidas a la acción del fuego corriente, el cual les hace perder su humedad radical, coagulándolas como tierra cuyo aspecto es el de una piedra.
Para que estas dos tinturas –la blanca y la roja- se multipliquen hay que repetir por completo la tercera operación.
Ambos polvos –el blanco y el rojo- deben ser disueltos en el mercurio filosófico, hasta que se fermenten y entren en putrefacción y, de esta manera, lleguen a regenerarse.
Para llegar a esto hay que repetir, poco a poco, las imbibiciones, orientar el fuego y regularlo, de manera sucesiva, como ya lo hemos descripto.
En esta segunda multiplicación, una parte se proyecta sobre mil partes de mercurio y las transmuta en plata o en oro, según sea el color del polvo en metal perfecto.
La multiplicación en calidad se realiza repitiendo la sublimación filosófica.
Esta tiene lugar separando lo puro de lo impuro con la ayuda del mercurio filosófico.
Se repiten puntualmente las manipulaciones de la tercera operación, después de haber efectuado la disecación con la ayuda del fuego de la materia y de haber reducido a polvo todo el aceite blanco si se trabaja el blanco, y solo una parte del aceite rojo si se trabaja el rojo, a fin de conservar la otra parte para utilizarla en el grado de Marte y del Sol, al igual que para insertar, como ya lo indiqué, si se trabaja el rojo.
La multiplicación en cantidad se realiza añadiendo mercurio común revivificado, como ya lo expresé.
Si se desea realizar, al mismo tiempo, la multiplicación en calidad, hay que comenzar, por regla general, por sublimar la materia separando lo puro de lo impuro, disecándolo en su totalidad, si se trabaja el blanco, o por la mitad, si se trabaja el rojo, con la ayuda del propio fuego, el cual se regulará de la misma manera que lo hice en la primera operación, a fin de reducirlos a polvo; se dividirá cada polvo en dos partes iguales.
Se hará disolver una parte en cuatro veces su peso de mercurio filosófico, el cual servirá para embeber la otra porción que se tiene aparte, repitiendo por completo la tercera operación.
Si se lo desea, es posible repetir estas manipulaciones hasta diez veces: la materia adquirirá, cada vez, una fuerza que se multiplicará por diez, y será tan sutil que la última vez atravesará el vaso, volatilizándose en su totalidad.
Corrientemente se interrumpe esto en la novena multiplicación, o de lo contrario se torna tan volátil que, ante el mínimo calor, horada el vaso y se evapora, lo cual hace que, habitualmente, haya que interrumpir la transmutación de una parte sobre mil o diez mil a lo sumo, a fin de exponerse a perder un tesoro tan precioso.
No describiré aquí operaciones curiosísimas que yo he realizado para mi gran asombro, en los reinos vegetal y animal, y tampoco al modo de hacer que el vidrio se torne maleable y que las perlas y las piedras preciosas se vuelvan más bellas que las naturales, si se sigue el procedimiento iniciado por Denis Zachaire, mediante la utilización de vinagre, materia coagulada blanca y granos de perlas o rubíes muy finamente triturados, moliéndolos luego y coagulándolos con el fuego de la materia.
Esto se debe a que no quiero ser perjuro y dar muestras de trasponer los límites del espíritu humano.

 


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