EL Kybalion
Por Los Tres Iniciados
EL Kybalión
- Capítulo I
- Capítulo ll
- Capítulo lll
- Capítulo lV
- Capítulo V
- Capítulo Vl
- Capítulo Vll
- Capítulo Vlll
- Capítulo lX
- Capítulo X
- Capítulo Xl
- Capítulo Xll
- Capítulo Xlll
- Capítulo XlV
- Capítulo XV
EL Kybalión
Capitulo XIV - Genero Mental
Los estudiantes de psicología que han seguido
atentamente el tren del pensamiento moderno en lo que respecta a
los fenómenos mentales habrán quedado extrañados de la rara
insistencia de la idea o concepto de la dualidad mental que se
ha manifestado tan fuertemente durante los diez o quince años
últimos, y que ha dado origen a gran número de plausibles
teorías concernientes a la naturaleza y constitución de esa
"doble mente". El difunto Thomson J. Hudson alcanzó gran
popularidad en 1983 al enunciar su conocida teoría sobre las
"mentes objetiva y subjetiva", que, según sostenía, existían
en cada individuo.
Otros autores han llamado igualmente la atención con sus
teorías referentes a las mentes "consciente y subconsciente",
mentes voluntaria e involuntaria, mente activa y pasiva, etc.
Esas teorías podrán diferir según cada autor, pero siempre
queda el principio básico que es el de la dualidad mental. El
estudiante de la filosofía hermética se siente tentado por la
sonrisa cuando lee y oye hablar de esas numerosas teorías
nuevas, respecto a la dualidad de la mente, adhiriéndose cada
escuela tenazmente a su propia doctrina, proclamando cada una
con empeño que ha sido ella la que ha descubierto la verdad. El
estudiante que hojee el libro de la historia oculta encontrará
en su mismo principio referencias a las antiguas enseñanzas
herméticas sobre el principio del género. Y si prosigue su
examen, encontrará que esa antigua filosofía conoció el
fenómeno de la dualidad mental y la explicó mediante la
teoría del género en la mente. Este concepto del género
mental puede ser explicado en pocas palabras a los estudiantes
que ya se han familiarizado con las teorías modernas que aluden
al mismo. El principio masculino de la mente corresponde a la
llamada mente objetiva, mente consciente, mente voluntaria o
activa, etc., en tanto que el principio femenino corresponde a
la llamada mente subjetiva, subconsciente, involuntaria, pasiva,
etc.
Por supuesto, la enseñanza hermética no concuerda con las
muchas teorías modernas concernientes a las dos fases de la
mente, ni admite muchos de los hechos proclamados por esas
escuelas en apoyo de ese doble aspecto. Si indicamos la base de
la concordancia es para facilitar al estudiante la asimilación
de los conocimientos adquiridos con anterioridad sobre la
filosofía hermética. Los estudiantes de Hudson conocerán la
proposición que se hace en el principio del segundo capítulo
de su obra "The Law of Psychic Phenomena" (la Ley de los
Fenómenos Psíquicos), que dice: "la jerigonza mística de los
filósofos herméticos expresa la misma idea general"... o sea
la dualidad de la mente. Si el doctor Hudson se hubiera tomado
el trabajo de descifrar algo más "la jerigonza mística de la
Filosofía Hermética" hubiera recibido mucha luz sobre el punto
de la dualidad de la mente; pero entonces, quizás, su obra más
interesante no hubiera sido escrita. Consideremos ahora las
enseñanzas herméticas concernientes al género mental.
Los instructores herméticos imparten enseñanzas concernientes
a este punto, pidiendo a sus discípulos que se atengan al
proceso de su propia conciencia, a su propio yo. El discípulo
fija entonces su atención internamente sobre el ego que está
en cada uno de nosotros. Cada estudiante ve que su propia
conciencia le da como primer resultante de la existencia de su
yo: "Yo Soy". Esto, al principio, parece ser la palabra final de
la conciencia, pero un examen ulterior desprende el hecho de que
esto "yo soy" puede separarse en dos partes distintas o aspectos
que, si bien trabajan al unísono y en conjunción, sin embargo
puede ser separadas en la conciencia.
Si bien al principio parece que solo existe un único Yo, un
examen más cuidadoso revela que existe un "yo" y un "mí". Este
par mental difiere en características y naturaleza, y el examen
de esta, así como de los fenómenos que surgen de la misma,
arrojan gran luz sobre muchos de los problemas de la influencia
mental.
Comencemos considerando el "mí", que generalmente se confunde
con el "yo", si no se profundiza mucho en los recesos de la
conciencia. El hombre piensa de sí mismo (en su aspecto de
"mí" o "me") como si estuvieran compuesto por ciertos
sentimientos, agrados, gustos, y disgustos, hábitos, lazos
especiales, características, etc., todo lo cual forma su
personalidad, o el ser que conoce él mismo y los demás. El
hombre sabe que estas emociones y sentimientos cambian, que
nacen y mueren, que están sujetos al principio del Ritmo y al
de la Polaridad, cuyos principios lo llevan de un extremo a
otro. También piensa de sí mismo como cierta suma de
conocimientos agrupados en su mente, que forman así una parte
de él.
Este es el "mí" o "me" del hombre. Pero quizás hemos
precedido demasiado aprisa. El "mí" de muchos hombres está
compuesto en gran parte de la conciencia que tiene de su propio
cuerpo y de sus apetitos físicos, etc. Y, estando su conciencia
limitadas en alto grado a su naturaleza corporal, prácticamente
"viven allí. Algunos hombres van tan allá en esto que
consideran su apariencia personal como parte de su "mí", y
realmente la consideran parte de sí mismo. Un escritor dijo con
mucho humorismo en una oportunidad que el hombre se compone de
tres partes: "Alma, cuerpo y vestidos". Y esto haría que muchos
perdieran su personalidad si se les despojara de sus vestidos.
Pero, aun aquellos que no están tan estrechamente esclavizados
con la idea de su apariencia personal, lo están por la
conciencia de sus cuerpos. No pueden concebirse sin él. Su
mente les parece que es algo "que pertenece" a su cuerpo, lo
que, en muchos casos, es realmente cierto.
Pero conforme el hombre adelanta en la escala de la conciencia,
va adquiriendo el poder de desprender a su "mí" de esa idea
corporal, y puede pensar de su cuerpo que es algo "que
pertenece" a su propia parte mental. Pero aun entonces es muy
capaz de identificar el "mí" completamente con sus estados
mentales, sensaciones, etc., que siente existen dentro de él. E
identificará esos estados consigo mismo, en vez de estimarlos
como simples "cosas" producidas por su mentalidad, existentes en
él, dentro de él y proviniendo de él, pero que, sin embargo,
no son él mismo. Puede comprobar también que esos estados
cambian mediante un esfuerzo volitivo, y que es capaz de
producir una sensación o estado de naturaleza completamente
opuesta de la misma manera, y, sin embargo, sigue existiendo
siempre el mismo "mí". Después de un tiempo, podrá así dejar
a un lado esos diversos estados mentales, emociones,
sentimientos, hábitos, cualidades, características y otras
posesiones personales, considerándolas como una colección de
cualidades, curiosidades o valiosas posesiones del "no mí".
Esto exige mucha concentración mental y poder de análisis de
parte del estudiante. Pero ese trabajo es posible, y hasta los
que no están muy adelantados pueden ver, en su imaginación,
como se realiza el proceso descrito.
Después de realizado ese ejercicio el discípulo se encontrará
en posesión consciente de un "Ser" que puede ser considerado
bajo su doble aspecto del "yo" y de "mí". El "mí" se sentirá
como algo mental en lo que pueden producirse los pensamientos,
ideas, emociones, sentimientos y otros estados mentales. Puede
ser considerado como si fuera la "matriz mental",
según decían
los antiguos, capaz de generar mentalmente. Este "mí" se
denuncia a la conciencia poseyendo poderes de creación y
generación latentes, de todas clases. Su poder de energía
creadora es enorme, según puede sentirlo uno mismo. Pero, a
pesar de todo, se tiene la conciencia de que debe recibir alguna
forma de energía, bien del mismo "yo", inseparable compañero,
o bien de algún otro "yo", a fin de que así pueda producir sus
creaciones mentales. Esta conciencia aporta consigo una
realización de la enorme capacidad de trabajo mental y de poder
creador que encierra.
El estudiante encuentra pronto que no es todo lo que hay en
conciencia íntima, pues ve que existe un algo mental que puede
"querer" que el "mí" obre de acuerdo con cierta línea creadora
y que, sin embargo, permanece aparte, como testigo de esa
creación mental. A esta parte de sí mismo se le da el nombre
del "yo". Y puede reposar en su conciencia a voluntad. Allí se
encuentra, no una conciencia de una capacidad de generar y crear
activamente en el sentido del proceso gradual común a las
operaciones mentales, sino más bien de la conciencia de una
capacidad de proyectar una energía del "yo" al "mí": "Querer"
que la creación mental comience y proceda.
También se experimenta que el "yo" puede permanecer aparte,
testigo de las operaciones o creaciones mentales del "mí". Este
doble aspecto existe en la mente de toda persona, el "yo"
representa al Principio Masculino del género mental, y el "mí"
al Principio Femenino. El "yo" representa el aspecto de Ser; el
"mí" el aspecto de "devenir". Se notará que el principio de
correspondencia opera en este plano lo mismo que en el que se
realiza la creación del Universo. Los dos son parecidos, si
bien difieren enormemente de grado. "Como arriba es abajo, como
abajo es arriba".
Estos aspectos de la mente - los principios masculinos y
femeninos - el "yo" y el "mí" - considerados en relación con
los fenómenos psíquicos y mentales ya conocidos, dan la clave
maestra para dilucidar la operación y manifestación de esas
nebulosas regiones de la mente. El principio del género mental
aporta la verdad que se encierra en todo el campo de los
fenómenos de influencia mental.
La tendencia del principio femenino es siempre la de recibir
impresiones, mientras que la tendencia del masculino es a darlas
o a expresarlas. El principio femenino tiene un campo de acción
mucho más variado que el masculino. El principio femenino
conduce el trabajo de generar nuevos pensamientos, conceptos,
ideas, incluso la obra de la imaginación. El masculino se
contenta con el acto de "querer" en sus varias fases. Sin
embargo, sin la ayuda activa de la voluntad del principio
masculino, el femenino puede contentarse con generar imágenes
mentales que son el resultado de impresiones recibidas del
exterior, en vez de producir creaciones mentales originales.
Las personas que pueden prestar continuada atención a un sujeto
emplean activamente ambos principios mentales: el femenino, en
el trabajo activo de la generación mental, y el masculino en
estimular y dar energía a la porción creadora de la mente. La
mayoría apenas hace uso del principio masculino, y se contenta
con vivir de acuerdo con los pensamientos e ideas que se filtran
en su "mí" y provienen del "yo" de otras mentalidades. Pero no
es nuestro propósito detenernos en esta faz del asunto, cosa
que puede estudiarse en cualquier tratado bueno de psicología,
con la clave ya indicada sobre el género mental.
El estudiante de los fenómenos psíquicos conoce la realidad de
los maravillosos fenómenos clasificados como telepatía,
influencia mental, sugestión, hipnotismo, etc. Muchos han
buscado explicación a estas diversas fases de los fenómenos,
siguiendo las teorías de dualidad mental promulgadas por los
diferentes instructores. Y, hasta cierto punto, están en lo
cierto, porque, realmente existe una manifestación clara y
definida de dos fases distintas de actividad mental. Pero si
esos estudiantes consideran esa dualidad a la luz de las
enseñanzas herméticas concernientes a la vibración y al
género mental, verían que la clave tan buscada la tienen al
alcance de la mano.
En los fenómenos telepáticos se ve que la energía vibratoria
del principio masculino se proyecta hacia el principio femenino
de otra persona, y que esta última absorbe ese pensamiento y le
permite desarrollarlo y madurarlo. En la misma forma obra la
sugestión y el hipnotismo. El principio masculino de una
persona da la sugestión dirigiendo una corriente de energía o
poder vibratorio hacia el principio femenino de otra, y ésta,
al aceptarla, la hace suya y piensa en consecuencia. Una idea
así alojada en la mente de otra persona crece y se desenvuelve,
y a su tiempo es considerada como una verdadera creación mental
del individuo, mientras que en realidad no es más que el huevo
de un cuco puesto en el nido del gorrión, pues aquel pájaro
pone sus huevos en un nido ajeno. El proceso normal es que el
principio masculino y el femenino de una persona obren
coordinada y armoniosamente conjuntamente. Pero,
desgraciadamente, el principio masculino del hombre corriente es
demasiado inerte y perezoso para obrar y el y el despliegue de
poder volitivo es muy ligero, y, en consecuencia, la mayoría
está dirigida por las mentes y voluntades de los demás a
quienes se permite querer y pensar por uno mismo. Cuántos
pensamientos u obras originales hace el hombre corriente? No
es la mayoría de los hombres simple sombra o eco de los que
tienen una mente o voluntad más fuerte que la suya? La
perturbación proviene de que el hombre corriente descansa casi
completamente en su conciencia del "mí" y no comprende que,
realmente tiene un "yo". Está polarizado en su principio
femenino mental, y su principio masculino, en el que reside la
voluntad, está inactivo e inerte.
El hombre fuerte del mundo manifiesta invariablemente el
principio masculino de voluntad, y su fuerza depende
materialmente de este hecho. Y en vez de vivir en las
impresiones que le producen otras mentalidades, domina su propia
mente, mediante su voluntad, obteniendo así la clase de
imágenes mentales que quiere y domina y dominando así también
las mentes ajenas de la misma manera.
Contémplese un hombre fuerte y véase como se las arregla para
implantar sus gérmenes mentales en la mente de las masas,
obligándolas así a pensar de acuerdo con sus deseos. Este es
el porqué las masas son como rebaños de carneros, que nunca
originan una idea propia ni emplean sus propios poderes y
actividades mentales.
La manifestación del género mental puede notarse en todas
partes diariamente. Las personas magnéticas son las que pueden
emplear su principio masculino para imprimir sus ideas sobre los
demás. El actor que hace reír o llorar a la concurrencia está
haciendo uso de este principio. Igualmente sucede con el orador,
político, predicador o cualquier o cualquier otro que atraiga
la atención pública. La influencia peculiar que ejerce un
hombre sobre otro es debido a la manifestación del género
mental según las líneas vibratorias ya indicadas. En este
principio está el secreto del magnetismo personal, de la
fascinación, etc., así como también de los fenómenos
agrupados bajo el nombre de hipnotismo.
El estudiante que se ha familiarizado con los fenómenos
generalmente denominados psíquicos habrá descubierto la
importante parte que desempeña en los citados fenómenos esa
fuerza que la ciencia llama "sugestión", por cuyo término se
indica el proceso o método por el cual se transfiere una idea o
se imprime sobre la mente de otro, obligando así a la segunda
mentalidad a obrar concordantemente. Una verdadera comprensión
de la sugestión es necesaria para comprender inteligentemente
los varios fenómenos psíquicos a que la sugestión da origen.
Pero aun es más necesario el conocimiento de la vibración y
del género mental, porque todo el principio sugestivo depende
de estos.
Los escritores sobre la materia de sugestión dicen que la mente
objetiva o voluntaria es la que hace la impresión mental, o
sugestión, sobre la mente subjetiva o involuntaria. Pero no
describen el proceso ni indican alguna analogía mediante la
cual sea más fácil comprender la idea. Si se contempla el
asunto a la luz de las enseñanzas herméticas, se verá que la
energización del principio femenino por la energía vibratoria
del masculino está de acuerdo con las leyes universales de la
naturaleza, y el mundo natural ofrece innumerables analogías
que facilitan la comprensión del principio. En realidad, la
doctrina hermética afirma que la misma creación del universo
obedece a dicha ley y que en todas las manifestaciones creadoras
sobre los planos espiritual, mental, y físico, siempre está en
operación el principio de género: la expresión de los
principios masculino y femenino. "Como es arriba es abajo, como
es abajo es arriba". Y aun más que esto: cuando se comprende
este principio se es capaz de clasificar inteligentemente de
inmediato los variados fenómenos psicológicos, en vez de
quedarse confuso ante ellos. El principio realmente trabaja en
la práctica, porque está basado sobre las leyes universales e
inmutables de la vida.
No entraremos ahora en una dilucidación detallada de los
diversos fenómenos concernientes a la influencia mental o a la
actividad psíquica. Hay muchos libros, en su mayor parte muy
buenos, que se han escrito últimamente sobre el asunto. Los
hechos principales señalados en esas obras son exactos, aunque
los diversos autores tratan de explicarlos por las diferentes
teorías de su propia cosecha. El estudiante puede
familiarizarse con estas materias, y utilizando la doctrina del
género mental podrá coordinar convenientemente la masa
caótica de teorías y enseñanzas en conflicto, y podrá,
además, adueñarse completamente del asunto si a ello se
sintiera inclinado. El objeto de esta obra no es el de dar una
explicación extensa de los fenómenos psíquicos, sino más
bien el de indicar sencillamente la clave maestra que abre las
muchas puertas que conducen al Templo del Saber, si se desea
explorar su interior. Creemos que al examinar las enseñanzas
encerradas en el "Kybalión" es fácil encontrar la explicación
de muchas dificultades que confunden. De nada sirve entrar en
detalles referentes a las muchas características de los
fenómenos psíquicos y mentales si al estudiante le son dados
los medios para comprender el asunto que atrae su atención. Con
la ayuda del "Kybalión" se puede entrar en cualquier
biblioteca, pues la antigua luz de Egipto iluminará las
páginas confusas y los problemas obscuros. Este es el
verdadero objeto de esta obra. No venimos a exponer una
filosofía nueva, sino a suministrar las bases fundamentales de
la antigua enseñanza universal que esclarece todas las
doctrinas, y que servirá para conciliar todas las teorías, por
diferentes u opuestas que parezcan.
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