EL Kybalion
Por Los Tres Iniciados
EL Kybalión
- Capítulo I
- Capítulo ll
- Capítulo lll
- Capítulo lV
- Capítulo V
- Capítulo Vl
- Capítulo Vll
- Capítulo Vlll
- Capítulo lX
- Capítulo X
- Capítulo Xl
- Capítulo Xll
- Capítulo Xlll
- Capítulo XlV
- Capítulo XV
EL Kybalión
Capitulo XII - Causación
«Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su
causa; todo sucede de acuerdo con la ley; la casualidad no es sino un
nombre para la ley no reconocida; hay muchos planos de causación, pero
nada se escapa a la ley.»
EL Kybalión.
EL gran sexto principio hermético - el principio de
Causa y Efecto - encierra la verdad de que nada sucede casualmente; que
la casualidad es solo un término que indica la existencia de una causa
no reconocida o percibida; que el fenómeno es continuo, sin soluciones
de continuidad.
El Principio de Causa y Efecto está tras todo pensamiento científico,
antiguo o moderno, y fue enunciado por los Instructores Herméticos de
los tiempos primitivos.
Y si bien han surgido muchas discusiones y disputas entre las varias
escuelas de pensamiento, esas disputas han versado especialmente sobre
los detalles de la operación del citado principio, y también sobre el
significado de determinadas palabras. El inmanente principio de Causa y
Efecto ha sido aceptado como correcto por todos los pensadores del mundo
que merecen realmente tal calificativo. Pensar de otra manera sería
sacar el fenómeno del universo del dominio de la ley y del orden,
relegándolo a ese algo imaginario al que el hombre ha dado el nombre de
casualidad.
Un poco de meditación evidenciaría que no existe absolutamente tal
casualidad. Webster define la palabra casualidad diciendo que: " es un
supuesto agente o modo de actividad diferente de una fuerza ley o
propósito; la operación o actividad de dicho agente; el efecto supuesto
de tal agente; un suceso, una cosa fortuita, una casualidad, etc." Pero
un poco de meditación demostrará que no puede existir dicho agente
casual, en el sentido de algo externo y fuera de la ley, algo aparte de
la causa y del efecto.
¿Cómo podría existir algo actuando en el universo fenomenal,
independiente de las leyes, del orden y de la continuidad del último?
Tal agente sería algo completamente independiente del tren coordinado
del universo, y, por consiguiente, sería superior a él. No podemos
imaginar nada fuera del TODO, más allá de la ley, y esto porque el TODO
es precisamente la ley en sí mismo. No hay sitio en el universo para
nada externo o independiente de la ley. La existencia de algo semejante
convertiría a todas las leyes naturales en inefectivas, y sumergiría al
universo todo en el desorden más caótico.
Un examen cuidadoso demostrará que lo que llamamos casualidad es
meramente una expresión concerniente a causas oscuras, causas que no
podemos percibir, causas que no podemos comprender. La palabra causa se
deriva de una frase que significa "echar los dados", siendo la idea
encerrada que la caída es meramente una ocurrencia, sin relación con
causa alguna. Y en este sentido suele emplearse la palabra en cuestión.
Pero cuando se examina el asunto detalladamente se verá que no hay tal
casualidad absolutamente en la caída de un dado. Cada vez que cae el
dado mostrando cierto número, obedece a una ley tan infalible como la
que gobierna la revolución de los planetas en torno del Sol. Tras la
caída del dado existen causas, o cadenas de causas, eslabones en
ininterrumpida sucesión, hasta donde la mente no puede alcanzar. La
posición del dado en la capa, la suma de energía muscular empleada al
arrojarlo, el estado de la mesa, etc., son otras tantas causas cuyo
efecto puede verse. Pero, tras éstas, hay encadenamiento de causas
invisibles precedentes, todas las cuales obran sobre el número que el
dado debe mostrar en su cara superior.
Si se arrojan los dados un gran número de veces, se verá que los puntos
marcados son casi iguales, esto es, que habrá igual número de unos, de
dos, etc. Arrójese una moneda al aire, y al caer dará cara o cruz. Pero
si se arroja un número de veces suficiente, las caras y las cruces se
igualarán. Pero todo cae bajo la operación de la Ley de Causa y Efecto,
y si pudiéramos examinar todo el eslabonamiento de causas veríamos
claramente que era sencillamente imposible que el dado cayera en otra
forma que en la que cayó, bajo las mismas circunstancias y al mismo
tiempo. Siendo las mismas causas, se produce siempre el mismo resultado.
Toda ocurrencia tiene su causa y su porqué. Nada ocurre sin causa, o,
mejor dicho, sin una cadena de causas.
Al considerar este principio muchos se quedan confusos, porque no pueden
explicar como una cosa puede ser causa de otra, esto es, ser la primera
creadora de la segunda. En realidad, ninguna cosa puede producir o crear
otra. La causa y el efecto residen meramente en los sucesos. Un suceso o
acontecimiento es lo que viene, llega u ocurre como consecuencia o
resultado de un acontecimiento o evento anterior. Ningún acontecimiento
crea otro, sino que no es nada más que el eslabón precedente en la gran
cadena coordenada de sucesos que fluyen de la energía creadora del TODO.
Hay una continuidad de solución entre todos los acontecimientos
precedentes, consecuentes y subsecuentes. Existe siempre una relación
entre todo lo que ha pasado y todo lo que sigue. Una piedra se desprende
de la montaña y se aplasta contra el tejado de una granja situada en el
valle vecino. A primera vista parece obra de la casualidad; pero si se
examina la materia se encontrará una gran cadena de causas tras ese
acontecimiento. En primer lugar estaba la lluvia que ablandó la tierra
que sostenía a la piedra, permitiéndole así caer; antes de esa causa
estaba la influencia precedente del Sol y de otras lluvias, las que
gradualmente fueron desintegrando la piedra de la roca; antes aun,
estaban las causas que contribuyeron o produjeron la formación de la
montaña y su elevación sucesiva por medio de las convulsiones de la
Naturaleza, y así ad infinitum.
Además podemos revisar las causas de la lluvia, podemos considerar la
existencia del tejado. En una palabra, pronto nos encontraríamos
envueltos en un laberinto de causas y efectos del que pronto tendríamos
que luchar para escaparnos.
Así como un hombre tiene dos padres y cuatro abuelos y ocho bisabuelos,
y dieciséis tatarabuelos y así sucesivamente, de manera que al cabo de
cuarenta generaciones se calcula el número de antecesores en muchos
millones, así también suceden con el número de causas que subyacen tras
el suceso o fenómeno más nimio, tal como el paso de un liviano trocito
de carbón llevado por el viento. No es nada fácil seguir la pista de esa
partícula de hollín hasta los primitivos períodos de la historia del
mundo, cuando formaba parte de un macizo tronco, que más tarde se
convirtió en carbón, y así sucesivamente, hasta el momento en que pasaba
volando ante nosotros en busca de otras muchas aventuras. Y una
poderosísima cadena de acontecimientos, de causas y efectos, la llevó
hasta su actual condición, y ésta no es más que uno de los tantos
sucesos de la cadena, y que seguirán produciendo más y más eventos
durante centenares y centenares de años a contar desde ahora. Una de las
series de acontecimientos originados por esa partícula de hollín
flotante ha sido el escribir estas líneas, lo que ha obligado a un
tipógrafo a realizar cierto trabajo; esto despertará en vuestras mentes
ciertos pensamientos, así como en las de los demás, los que a su vez
afectarán a otros, y así sucesivamente, hasta donde la mente no puede
alcanzar, y todo por el simplismo vuelito de una partícula de hollín,
todo lo cual muestra la relatividad y asociación de las cosas y la
deducción consiguiente de que nada hay grande ni pequeño en la mente que
todo lo creó.
Meditemos un momento. Si cierto hombre no hubiera encontrado a cierta
mujer en la obscura Edad de Piedra, vos, que estáis ahora leyendo estas
líneas, no estaríais ahora aquí. Y si, quizá, la misma pareja no se
hubiera encontrado, los que escribimos estas líneas tampoco estaríamos
aquí. Y el mismo hecho de que nosotros, por nuestra parte, escribamos, y
de que vos leáis por la vuestra, afectará no solamente nuestras propias
vidas, sino que también tendrá un efecto directo o indirecto sobre
muchas otras personas que viven actualmente o que vivirán en las edades
por venir. Todo pensamiento generado en nuestra mente, todo acto
realizado, tiene sus resultados directos e indirectos, que se eslabonan
coordinadamente en la gran cadena de Causas y Efectos.
No deseamos entrar a discutir sobre el libre albedrío y el determinismo,
en esta obra, por múltiples razones. entre otras muchas, la principal es
que ningún lado del asunto es completamente exacto, siendo en realidad
ambos parcialmente verdad, de acuerdo con las enseñanzas herméticas. El
Principio de Polaridad demuestra que ambos aspectos son semi-verdades:
los opuestos polos de la verdad. La verdad es que el hombre puede ser a
la vez libre y limitado por la necesidad, dependiendo todo del
significado de los términos y de la altura de la verdad desde la cual se
examine el asunto. Los antiguos escritores expresaban el punto diciendo
que: "Cuanto más lejana está la creación del Centro, tanto más limitada
está. Cuanto más próxima está del Centro, tanto más libre está".
Los hombres en su mayoría, son más o menos esclavos de la herencia, del
medio ambiente, etc., y manifiestan muy poco libre albedrío. Se ven
arrastrados por las opiniones, costumbres y pensamientos del mundo
externo, así como también por sus emociones, sentimientos y modalidades.
No manifiestan el menor dominio de sí mismo que merezca ese nombre. Y
con indignación rechazan esa afirmación diciendo: "Yo puedo obrar
ciertamente con plena libertad y hacer lo que se me dé la gana; hago
precisamente lo que quiero hacer". Pero no pueden explicar por qué o de
donde viene el "necesito" y me "gusta". ¿Qué es lo que les hace querer
una cosa con preferencia a otra? ¿Qué es lo que les hace "gustar" una
cosa y no otra? ¿No hay ninguna "razón" para sus "gustos" y
"necesidades"? el maestro puede transformar los "agrados y "necesidades"
en otros en el extremo opuesto de su polo mental. Puede y tiene la
capacidad de "querer, querer" en vez de querer porque algún sentimiento,
modalidad, emoción o sugestión del medio ambiente despierte en él una
tendencia o deseo de hacer tal o cual cosa.
La mayoría de los hombres es arrastrada como si fuera una piedra,
obedeciendo al medio ambiente, a las influencias externas y a las
modalidades, deseos y emociones internas, etc., por no hablar de los
deseos y voluntades de los demás que son más fuertes. La herencia, el
medio ambiente y las sugestiones los arrastran sin la menor resistencia
por su parte, sin que ejerciten en modo alguno su voluntad. Movidos como
las fichas en el tablero de ajedrez de la vida, desempeñan su parte y se
quedan a un lado después del juego. Pero los Maestros, que conocen las
reglas del juego, se elevan por encima del plano de la vida material, y
colocándose en contacto con los poderes superiores de sus naturalezas
dominan sus propias modalidades, caracteres, cualidades y polaridades,
así como el medio ambiente que los rodee, haciéndose en esta forma
directores del juego en vez de meras fichas: Causas en vez de Efectos.
Los Maestros no se libran de la causación en los planos superiores, sino
que están bajo el contralor de esas más elevadas leyes, y haciendo uso
de estas se hacen dueños de las circunstancias en los planos inferiores.
De esta manera forman una parte consciente de la Ley, en vez de ser sus
ciegos instrumentos. Mientras obedecen y sirven en los Planos
Superiores, dominan y son dueños del plano material.
Pero, tanto arriba como abajo, la Ley está siempre en operación. No
existe tal casualidad o azar. La ciega diosa ha sido abolida por la
razón. Ahora podemos ver, con ojos iluminados por el conocimiento, que
todo está gobernado por la ley universal y que el infinito número de
leyes no es más que manifestaciones de la Única Gran Ley: la Ley que es
el TODO. Es, pues, muy cierto que ni siquiera un gorrión deja de estar
presente en la Mente del TODO, que hasta los cabellos de nuestra cabeza
están contados, según dicen las escrituras. Nada hay fuera de la ley;
nada ocurre en contra de ella. Pero, a pesar de ello, no se vaya a caer
en el error de que el hombre es un autómata ciego, al contrario. La
doctrina hermética dice que el hombre puede emplear la Ley contra las
leyes, que lo superior siempre prevalecerá contra lo inferior, hasta que
el hombre haya alcanzado aquel estado en el que buscará refugio en la
LEY misma y podrá evadirse de todas las leyes fenomenales. ¿Se puede
comprender el significado íntimo, interno, de esto?.
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