EL Kybalion
Por Los Tres Iniciados
EL Kybalión
- Capítulo I
- Capítulo ll
- Capítulo lll
- Capítulo lV
- Capítulo V
- Capítulo Vl
- Capítulo Vll
- Capítulo Vlll
- Capítulo lX
- Capítulo X
- Capítulo Xl
- Capítulo Xll
- Capítulo Xlll
- Capítulo XlV
- Capítulo XV
EL Kybalión
Capitulo XI - Ritmo
"Todo fluye y refluye, todo asciende y desciende; la
oscilación pendular se manifiesta en todas las cosas; la medida del
movimiento hacia la derecha es la misma que el de la oscilación a la
izquierda; el Ritmo es la compensación."
EL Kybalión.
El Quinto Gran Principio Hermético - El Principio del
Ritmo - encierra la verdad de que en todos se manifiesta una oscilación
medida, movimiento de ida y vuelta, un flujo y reflujo, un movimiento
semejante al del péndulo, una marea con suba y baja, manifestándose
siempre entre los dos polos los planos físico, mental y espiritual. El
principio del Ritmo está estrechamente relacionado con el principio de
polaridad, descrito en el capítulo anterior. El ritmo se manifiesta
entre los dos polos establecidos por el principio de polaridad. Esto no
significa, sin embargo, que la oscilación rítmica vaya hasta los
extremos de cada polo, pues esto sucede rarísimas veces. En realidad, es
muy difícil establecer los opuestos polares extremos en la mayoría de
los casos.
Pero la oscilación es siempre "hacia" un polo primero, y después "hacia"
el otro. Siempre hay una acción y una reacción, un avance y un
retroceso, una elevación y una caída, manifestándose en todas las cosas
y fenómenos del universo. Moles, mundos, hombres, animales, vegetales,
minerales, energías, fuerzas, mente, y materia, y hasta el mismo
espíritu manifiestan este principio. El principio se manifiesta en la
creación y destrucción de los mundos, en la elevación y caída de las
naciones, en la historia de la vida de todas las cosas y, finalmente, en
los estados mentales del hombre.
Empezando por las manifestaciones del Espíritu - el TODO -se verá que
siempre hay una Emanación, seguida de Absorción, "la respiración y la
aspiración de Brahm", según dicen los brahmines. Los universos se crean,
alcanzan el punto más bajo de maternidad y entonces comienzan la
oscilación de vuelta. Los soles nacen, alcanzan la cumbre de su poder,
empieza el progreso de su retrogresión y después de eones sin cuento se
convierten en muertas masas de materia, esperando otro impulso que
imparta en ellos nuevas energías internas y que los lleve a un nuevo
ciclo de vida solar. Y así sucede con todos los mundos: nacen, crecen y
mueren, sólo para renacer de nuevo. E igualmente sucede con todas las
cosas de cuerpo o forma: oscilan de la acción a la reacción, del
nacimiento a la muerte, de la actividad a la inactividad, y de nuevo
comienza el ciclo. Lo mismo pasa con todos los grandes movimientos
filosóficos, credos de cualquier clase, gobiernos, naciones, etc.:
nacen, crecen, llegan a su madurez, decaen, mueren, sólo para renacer de
nuevo.
La oscilación pendular es evidente por doquiera. La noche sigue al día y
el día a la noche. El péndulo oscila del verano al invierno y de éste a
aquél. Los corpúsculos, átomos y moléculas y todas las masas de materia,
oscilan en torno del círculo que corresponde a su naturaleza. No hay tal
reposo absoluto o cesación de movimiento. Todo movimiento participa del
Ritmo. Este principio es de aplicación universal. Puede ser aplicado a
cualquier cuestión o fenómeno de las muchas fases de la vida. Puede
aplicarse a todas las fases de la humana actividad. Siempre existe la
oscilación rítmica de un polo a otro. El Péndulo Universal está siempre
en movimiento. Las mareas de la vida fluyen y refluyen de acuerdo con la
Ley. La ciencia moderna reconoce el principio del Ritmo, y lo considera
de aplicación universal en cuanto se refiere a las cosas materiales.
Pero los herméticos llevan el principio mucho más allá y saben que sus
manifestaciones se extienden a las actividades mentales del hombre, y
que él solo explica la gran sucesión de sus modalidades, sentimientos y
otros cambios contundentes que notamos en nosotros mismos. Pero los
herméticos, al estudiar la operación de este principio, han descubierto
el modo de substraerse a las actividades mediante la Transmutación.
Los Maestros Herméticos descubrieron que en tanto que el principio del
Ritmo era invariable, y evidente en todos los fenómenos mentales, había
dos planos de manifestación en lo que a los fenómenos mentales
concernía. Descubrieron que había dos planos generales de conciencia, el
Inferior y el Superior, y este descubrimiento les permitió elevarse al
plano superior, escapando a la oscilación del péndulo rítmico, que se
manifestaba en el plano inferior. En otras palabras, la oscilación del
péndulo se produce en el plano inconsciente y la conciencia no queda,
por consiguiente, afectada. A esta ley la llamaron la Ley de la
Neutralización. Su operación consiste en elevar al Ego sobre las
vibraciones del plano inconsciente de la actividad mental, de manera que
la oscilación negativa del péndulo no se manifieste en la conciencia y
no quede uno afectado por ella. Es lo mismo que levantarse por encima de
una cosa y dejar que pase esta por debajo de uno. El instructor o
discípulo hermético se polariza a sí mismo en el polo requerido, y por
un procedimiento semejante a "rehusar" el participar en la oscilación
retrógrada, o si se prefiere, "negando" su influencia sobre él, se
mantiene firmemente en su posición polarizada, y permite al péndulo
mental oscilar hacia atrás en el plano inconsciente. Todo hombre, que en
mayor o menor grado, ha adquirido cierto dominio de sí mismo, realiza
esto más o menos conscientemente, impidiendo que sus modalidades o
estados mentales negativos lo afecten, mediante la aplicación de la ley
de la neutralización. El maestro, sin embargo, lleva esto hasta un grado
muchísimo mayor de eficacia y proficiencia, y, mediante su voluntad,
llega a un grado de equilibrio e inflexibilidad mental casi imposible de
concebir por aquellos que se dejan llevar y traer por el péndulo mental
de sus sentimientos y modalidades.
Todo pensador apreciará debidamente la gran importancia del asunto con
solo considerar lo esclavo que, en su mayoría, la gente es de su propio
estado de ánimo, sentimientos y emociones y el poco dominio de sí mismo
que tienen. A poco que se medite el asunto se comprenderá cuanto nos han
afectado en nuestra vida esas oscilaciones del ritmo; como a un período
de entusiasmo ha seguido un correspondiente período de depresión.
Igualmente, tenemos períodos de valor, que son seguidos de períodos de
desaliento y miedo. Y así sucede con todos o la mayoría por lo menos:
marea de sentimientos y emociones se elevan y caen, pero nunca sospechan
la causa de ese fenómeno. Si se comprende la operación de este
principio, se obtendrá la clave para dominar esas oscilaciones y uno
podrá conocerse a sí mismo mucho mejor, evitando además el dejarse
llevar por esos flujos y reflujos. La voluntad es muy superior a la
manifestación consciente de este principio, por más que el principio
mismo nunca puede ser destruido. Podremos sustraernos a sus efectos,
pero, no obstante, el principio obrará. El péndulo siempre oscila, si
bien podemos evitar el ser arrastrados por su oscilación.
Existen, además, otras particularidades en la operación de este
Principio del Ritmo, de las que vamos a hablar ahora. Dentro de su
operación entra lo que se conoce como ley de compensación. Una de las
definiciones o significados de la palabra compensación es
"contrabalancear", "equilibrar", y en este sentido se emplea dicho
término en la Filosofía Hermética. A esta ley de compensación se refiere
"El Kybalión" cuando dice: "La medida de la oscilación hacia la derecha
es la misma que la de la oscilación a la izquierda; el ritmo es la
compensación".
La ley de compensación es la que hace que la oscilación en una dirección
determine otra oscilación en sentido contrario, y así se equilibran
mutuamente. En el Plano Físico vemos muchos ejemplos de esta ley. El
péndulo de un reloj oscila hasta cierto punto hacia la derecha y de allí
vuelve a oscilar hacia la izquierda otro tanto. Las estaciones se
equilibran unas a otras de la misma manera. Las mareas obedecen a la
misma ley. Y la misma ley se manifiesta en todos los fenómenos del
Ritmo. El péndulo que solo hace una oscilación corta hacia la derecha,
hace otra oscilación corta hacia la izquierda. Si la oscilación hacia la
derecha es grande, la oscilación hacia la izquierda lo es igualmente, un
objeto cualquiera arrojado hacia arriba, tiene que recorrer exactamente
el mismo camino de vuelta. La fuerza con que se lanza un proyectil hacia
arriba se reproduce cuando el proyectil vuelve a la tierra. Esta ley es
constante en el Plano Físico, como cualquier referencia a la mayor
autoridad científica lo corroborará.
Pero el hermético lo lleva aun más allá. Y afirma que los estados
mentales están sujetos a la misma ley. El hombre capaz de gozar
agudamente, es también capaz de sufrir en igual grado. El que solo es
capaz de escaso dolor, tampoco puede gozar más que escaso placer. El
cerdo sufre mentalmente muy poco; pero, en cambio, tampoco puede gozar
gran cosa: está compensado. Por otra parte, hay animales que gozan
extraordinariamente, pero también su sistema nervioso y temperamento los
hacen sufrir extremos grados de dolor. Igualmente sucede con el hombre.
Hay temperamentos que solo son capaces de muy poco goce, pero entonces
solo existe, como compensación, una capacidad para soportar muy poco
dolor, en tanto que otros hombres pueden gozar intensamente sufren en
igual grado. La regla es que la capacidad para el placer y el dolor en
cada individuo está equilibrada. La ley de compensación opera
ampliamente aquí también. Pero el hermético va más allá aun en esta
materia, y afirma que antes de que uno pueda gozar de cierto grado de
placer es necesario que haya oscilado proporcionalmente otro tanto hacia
el otro polo del sentimiento o sensación. El negativo en esta materia
precede al positivo; es decir, que al experimentar cierto grado de
placer no se seguirá que "haya que pagarlo" con un correspondiente grado
de dolor; por el contrario, el placer es la oscilación rítmica, de
acuerdo con la ley de compensación, originada por un grado de dolor
experimentado previamente, bien en la vida actual o en encarnaciones
anteriores.
Y esto arroja una nueva luz sobre el problema del dolor. Los herméticos
consideran la cadena de vidas como continua, como simples puertas de una
sola vida del individuo, de suerte que la oscilación rítmica es
considerada en esta forma, mientras que no tendría significado alguno si
no se admitiera la doctrina de la reencarnación. Pero, además, el
hermético sostiene que el maestro o el discípulo avanzado es capaz, en
grado superlativo, de rehuir la oscilación hacia el dolor, realizando el
proceso de neutralización a que aludiéramos anteriormente. Ascendiendo
al plano superior del Ego, se evitan muchas de las experiencias que
llegan a los que habitan en planos inferiores.
La ley de compensación desempeña una parte importante en la vida de los
hombres, pues se verá que uno generalmente paga el precio de lo que
tiene o le falta. Si se posee una cosa, falta otra, y así se equilibra
la balanza. Nadie puede guardarse su centavo y tener al mismo tiempo la
torta, todo tiene su lado agradable y desagradable. Las cosas que uno
obtiene siempre las paga con las que pierde. El rico posee mucho de lo
que al pobre le falta, mientras que el pobre posee cosas que
frecuentemente están fuera del alcance del rico. El millonario que gusta
de los festines, y que tiene la fortuna necesaria para satisfacer sus
deseos y asegurarse la satisfacción de su gula, carece del apetito
necesario para gustarlos, y envidia el apetito y la digestión del obrero
a quien le falta la fortuna y la inclinación del millonario, gozando más
de su sencillo alimento que el millonario sin apetito y con el estómago
arruinado. Y así sucede con todo en la vida. La ley de compensación está
siempre obrando, equilibrando y contrabalanceando las cosas
continuamente, en la sucesión del tiempo, aunque la oscilación del ritmo
tarde vidas enteras.
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