EL Kybalion
Por Los Tres Iniciados
EL Kybalión
- Capítulo I
- Capítulo ll
- Capítulo lll
- Capítulo lV
- Capítulo V
- Capítulo Vl
- Capítulo Vll
- Capítulo Vlll
- Capítulo lX
- Capítulo X
- Capítulo Xl
- Capítulo Xll
- Capítulo Xlll
- Capítulo XlV
- Capítulo XV
EL Kybalión
Capitulo X - Polaridad
"Todo es dual, todo tiene polos; todo su par de
opuestos; los semejantes y desemejantes son los mismos; los opuestos son
idénticos en naturaleza, difiriendo solo en grado; los extremos se tocan;
todas las verdades, son semi-verdades, todas las paradojas pueden
reconciliarse''.
EL Kybalión.
El Cuarto Gran Principio Hermético - el Principio de
polaridad - encierra la verdad de que todas las cosas manifestadas
tienen dos lados, dos aspectos, dos polos; un par de opuestos con
innumerables grados entre ambos extremos. Las antiguas paradojas, que
siempre han confundido la mente de los hombres, quedan explicadas si se
comprende este principio. El hombre siempre ha reconocido algo semejante
a este principio y ha tratado de expresarlas con dichos, máximas o
aforismos como los siguientes: "Todo es y no es al mismo tiempo"; "todas
las verdades no son más que semi-verdades"; "toda verdad es medio
falsa"; "Todas las cosas tienen dos lados"; "siempre hay un reverso para
cada anverso", etc.
Las enseñanzas herméticas opinan sobre la diferencia que existe entre
cosas aparentemente opuestas diametralmente, que es solo cuestión de
grado. Y afirma que todo par de opuestos puede conciliarse y que la
tesis y la antítesis son idénticas en naturaleza, difiriendo solo en
grado. La conciliación universal de los opuestos se efectúa reconociendo
este Principio de Polaridad. Ejemplo de este principio pueden
encontrarse en todas partes, después de un examen de la naturaleza real
de las cosas.
El espíritu y la materia no son más que polos de las mismas cosas,
siendo los planos intermediarios cuestión de grados vibratorios
meramente. El TODO y los muchos son los mismos, residiendo la diferencia
solamente en el grado de manifestación mental. De manera, pues, que la
LEY y las leyes son los dos polos de una sola y misma cosa. E igual
sucede con el PRINCIPIO y los principios, con la MENTE infinita y la
mente finita.
Si pasamos al plano físico encontramos que el Calor y el Frío son de
naturaleza idéntica, siendo la diferencia simple cuestión de grados. El
termómetro indica los grados de temperatura, siendo el polo inferior el
llamado "frío" y el superior "calor". Entre ambos hay muchos grados de
calor y frío, pues cualquier nombre que se les dé es correcto. De dos
grados, el superior es siempre más caliente en comparación con el
inferior, que es más frío. No hay absolutamente un tipo fijo: todo es
cuestión de grado. No hay ningún sitio en el termómetro en el que cese
el calor y comience el frío absolutamente. Todo se reduce a vibraciones
más o menos elevadas o bajas. Las mismas palabras "elevado" y "bajo" que
nos vemos obligados a usar, no son más que polos de la misma cosa: los
términos son relativos. Así sucede igualmente con el "Este" y el
"Oeste". Si viajamos alrededor del mundo en dirección al oriente,
llegaremos a un punto que se llama occidente, considerándolo desde el
punto de partida. Marchemos suficientemente lejos hacia el Norte y
pronto nos encontraremos viajando hacia el sur y viceversa.
La Luz y la oscuridad son polos de la misma cosa, con muchos grados
entre ambos. La escala musical es la misma. Partiendo del sí en adelante
llegaremos a encontrar otro sí y así sucesivamente, siendo las
diferencias entre los extremos también cuestión de grados. En la escala
del color sucede otro tanto, siendo la intensidad vibratoria la única
diferencia que existe entre el rojo y el violeta. Lo grande y lo pequeño
son cosas relativas. Igualmente lo es el ruido y la quietud, lo duro y
lo blando, lo afilado y lo romo. Positivo y negativo son los dos polos
de una misma cosa, con innumerables gradaciones entre ambos.
Bueno y malo no son cosas absolutas; A un extremo lo llamamos bueno y al
otro malo, o Bien al uno y Mal al otro, de acuerdo con el sentido que
queramos darle. Una cosa es menos buena que la que le es superior en la
escala, pero esa cosa menos buena, a su vez, es mejor comparada con la
que tenga el más o el menos regido por la posición que tenga en la
escala.
Igual cosa sucede en el plano mental. El amor y el odio son considerados
como diametralmente opuestos, completamente diferentes e
irreconciliables. Pero si aplicamos el Principio de Polaridad,
encontraremos que no existe un amor absoluto o un odio absoluto,
diferentes uno de otro. Los dos no son más que términos aplicados a los
dos polos de la misma cosa. Empezando en cualquier punto de la escala,
encontramos "más amor" o "menos odio", si ascendemos por ella, o "menos
amor" si por ella descendemos, y esto es cierto, sin importar nada el
punto, alto y bajo, que tomemos como partida.
Hay muchos grados de amor y de odio, y existe también un punto medio
donde el agrado y el desagrado se mezclan en tal forma que es imposible
distinguirlos. El valor y el miedo quedan también bajo la misma regla.
Los pares de opuestos existen por doquier. Donde encontremos una cosa,
encontraremos también su opuesta: los dos polos.
Este hecho es el que permite al hermético transmutar un estado mental en
otro, siguiendo las líneas de polarización. Las cosas de diferente clase
no pueden transmutarse unas en otras, pero sí las de igual clase. Así,
pues, el Amor no podrá convertirse en Este u Oeste, o Rojo o Violeta,
pero puede tornarse en Odio, e igualmente el Odio puede tornarse en Amor
cambiando su polaridad. El valor puede transmutarse en miedo y
viceversa. Las cosas duras pueden tornarse blandas, las calientes,
frías, y así sucesivamente, efectuándose siempre la transmutación entre
cosas de la misma clase, pero de grado diferente. Tratándose de un
hombre cobarde, si se elevan sus vibraciones mentales a lo largo de la
línea Miedo-valor, se llenará de valentía y desprecio por el peligro. E
igualmente el perezoso puede hacerse activo y enérgico, polarizándose
simplemente a lo largo de las líneas de la deseada cualidad.
Los discípulos familiarizados con los procedimientos mediante los cuales
producen las diversas escuelas de ciencia mental cambios en los estados
mentales de sus seguidores, quizás, no comprendan fácilmente cuál es el
principio que se oculta tras esos cambios. Pero, no obstante, una vez
que se ha entendido el Principio de Polaridad, se ve inmediatamente que
esos cambios mentales son ocasionados por un cambio de polaridad, por un
deslizamiento a lo largo de la misma escala. Este cambio no es de la
naturaleza de transmutar una cosa en otra completamente diferente, sino
que se reduce a un simple cambio de grado de la misma cosa, lo que es
una diferencia importantísima. Por ejemplo, y sacando un ejemplo del
Mundo Físico, es imposible cambiar el calor en agudeza o filosidad,
pesadez, elevación, etc., pero puede ser fácilmente transmutado en frío,
con solo amortiguar la vibración. De la misma manera el odio y el amor
son recíprocamente transmutables, así como el miedo y el valor. Pero el
Miedo no puede transformarse en Amor, ni el Valor en Odio. Los estados
mentales pertenecen a innumerables clases, cada una de las cuales tienen
sus polos opuestos, a lo largo de los cuales es posible la
transmutación.
Se comprenderá fácilmente que, tanto en los estados mentales como en los
fenómenos del plano físico, los dos polos pueden ser clasificados como
positivo y negativo, respectivamente. Así, pues, el amor es positivo
respecto al odio; el valor respecto al miedo; la actividad respecto de
la inercia, etc. Y también se notará, aun desconociendo el principio de
vibración, que el polo positivo parece ser de grado superior que el
negativo, pudiendo aquel dominar fácilmente a este. La tendencia de la
Naturaleza es en dirección a la actividad dominante del polo positivo.
Además del cambio de los polos de los propios estados mentales mediante
la aplicación del arte de la polarización, el fenómeno de la influencia
mental, en sus múltiples fases, demuestra que el principio puede
extenderse hasta abarcar los fenómenos de la influencia de una mente
sobre otra, de lo que tanto ha sido escrito en los últimos años. Cuando
se comprende que la inducción mental es posible, esto es, que los
estados mentales pueden producirse por inducción de los demás, entonces
se verá como puede comunicarse a otra cierta clase de vibración o
polaridad, cambiándose así la polarización de la mente entera. La
mayoría de los resultados obtenidos mediante los "tratamientos mentales"
se obtienen según ese principio. Por ejemplo, una persona está triste,
melancólica y temerosa. Un científico de la mente eleva su propia
mentalidad al deseado grado de vibración, mediante su voluntad
previamente ejercitada, y de esta manera obtiene la polarización
requerida en su propia mentalidad. Entonces por inducción, produce un
estado mental análogo en el otro, siendo el resultado que las
vibraciones de éste se intensifican y el paciente se polariza hacia el
polo positivo de la escala, en vez de polarizarse hacia el negativo, y
sus temores, melancolía, etc., se transforman en valor, contento y
parecidos estados internos. Un poco de meditación sobre el asunto
demostrará que esos cambios mentales se efectúan casi todos a lo largo
de las líneas de polarización, siendo el cambio más bien cuestión que de
clase.
El conocimiento de este gran principio hermético permitirá comprender
mejor los propios estados mentales, así como los de los demás. Y se verá
que esos estados son puramente cuestión de grados, y al comprobar el
hecho podrá elevar las vibraciones interiores a voluntad, cambiando su
polaridad, haciéndose dueño de sus pensamientos, en vez de ser su
esclavo y servidor. Este conocimiento le permitirá además ayudar a otros
inteligentemente, cambiando, mediante los métodos apropiados, su
polaridad. Es muy conveniente familiarizarse con este principio, porque
su comprensión correcta arrojará muchísima luz sobre problemas difíciles
y oscuros.
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