EL Kybalion
Por Los Tres Iniciados
EL Kybalión
- Capítulo I
- Capítulo ll
- Capítulo lll
- Capítulo lV
- Capítulo V
- Capítulo Vl
- Capítulo Vll
- Capítulo Vlll
- Capítulo lX
- Capítulo X
- Capítulo Xl
- Capítulo Xll
- Capítulo Xlll
- Capítulo XlV
- Capítulo XV
EL Kybalión
Capitulo VI - La Paradoja
Divina
"El sabio a medias, reconociendo la irrealidad relativa del Universo, se imagina que puede desafiar sus leyes, ése no es más que un tonto vano y presuntuoso, que se estrellará contra las rocas y será aplastado por los elementos, en razón de su locura. El verdadero sabio conociendo la naturaleza del universo, emplea la Ley contra las leyes: las superiores contra las inferiores, y por medio de la alquimia transmuta lo que no es deseable, en lo valioso y de esta manera triunfa. El adepto consiste, no en sueños anormales, visiones o imágenes fantasmagóricas, sino en el sabio empleo de las fuerzas superiores contra las inferiores vibrando en los más elevados. La transmutación (no la negación presuntuosa), es el arma del Maestro".
Ésa es la paradoja del Universo, la que resulta del principio de
polaridad, principio que se manifiesta cuando el TODO empieza a
crear. Aunque para el TODO infinito el Universo, sus leyes, sus
poderes, su vida, sus fenómenos, son como cosas contempladas en
el estado de meditación o ensueño, el Universo debe ser tratado
como real, y la vida, las acciones y los pensamientos deben
estar basados en ello, acordemente, si bien se tenga un claro
conocimiento y realización de la Verdad Superior cada uno
respecto a su propio plano y leyes.
Si el TODO hubiera imaginado un Universo real sería desastroso
para este, porque entonces no podría ascenderse de lo inferior a
lo superior, el universo se habría convertido en una cosa fija,
inmóvil y el progreso resultaría imposible.
Y si el hombre, por su parte, debido a su semi-sabiduría, actúa
y vive y piensa en el Universo como si fuera un sueño (parecido
a sus propios ensueños a finitos), así se convertirá
efectivamente para él, y, al igual de un cadáver que caminase,
se encontrará dando vueltas y más vueltas en un círculo, sin
hacer el menor progreso y siendo forzado por último a
despertarse y vivir por las leyes naturales que él hubiera
olvidado. Conservad siempre la mente fija en la
Estrella, pero mirad donde ponéis los pies, no vayáis a
hundirlos en algún abismo. Recordad la paradoja divina que
afirma que si bien el "Universo no es, sin embargo es".
Recordemos siempre los dos polos de la verdad: lo absoluto y lo
relativo. Guardémonos de las verdades a medias. Lo que los
hermetistas conocen como "Ley de la paradoja" es un aspecto del
principio de polaridad. Las escrituras herméticas están llenas
de toda clase de referencias respecto a esa paradoja que se
descubre en todos los problemas de la Vida y del Ser. Los
instructores están siempre batallando para impedir que sus
estudiantes omitan el "otro lado" de cualquier cuestión, y sus
recomendaciones se dirigen especialmente a los problemas de lo
absoluto y de lo relativo, que tanto confunden a los estudiantes
de filosofía, y que obligan a tantos a obrar y a pensar
contrariamente a lo que se conoce como "sentido común".
Recomendamos mucho a nuestros estudiantes el que se aseguren de
haber comprendido bien la paradoja divina de lo absoluto y lo
relativo, evitando el ser hipnotizados por el falso miraje de la
verdad a medias o semi-verdad. Desde este punto de vista ha sido
escrita esta lección. Leedla cuidadosamente.
La primera idea que se le ocurre al pensador que ha comprendido
y realizado la verdad de que el Universo es una creación mental
del TODO, es la de que el Universo y todo cuanto éste contiene
son una pura ilusión, una irrealidad, contra cuya idea se
revuelve instantáneamente. Pero esto, al igual de otras grandes
verdades, debe ser considerado desde los puntos de vista
absoluto, el Universo es, por supuesto, una ilusión, un sueño,
una fantasmagoría, si se compara con el TODO en sí mismo. Esto
lo reconocemos nosotros mismos cuando hablamos del mundo como de
un sueño, que va y viene, que nace y muere, desde el momento que
todo lo que es mudable, que cambia, que es finito e
insubstancial, debe estar ligado a la idea de un Universo
creado, cuando se compara con el TODO mismo, no importando cual
puede ser nuestra creencia respecto a la naturaleza de ambos.
Filósofos, metafísicos, científicos y teólogos, todos están de
acuerdo sobre ello, y esta concepción se encuentra en todos los
sistemas filosóficos y religiosos, así como en las respectivas
teorías de las escuelas metafísica y teológicas.
Las enseñanzas herméticas no predican la insubstancialidad del
Universo en términos más fuertes que los que os son más
familiares, aunque la exposición del asunto pueda pareceros algo
más contundente. Todo cuanto tenga un principio y un fin, en
cierto sentido debe ser irreal e ilusorio, y el Universo se
encuentra en este caso, sea cual sea el sistema de las escuelas
de pensamiento. Desde el punto de vista absoluto nada hay real
excepto el TODO, no importando los términos que empleemos al
pensar sobre ello o al discutirlo. Bien sea que el Universo haya
sido creado de materia, o bien que sea una creación mental en la
mente del TODO, es insubstancial, mudable, sujeto al tiempo, al
espacio, al cambio. Debemos comprender y sentir bien esto antes
de pensar y examinar la concepción hermética de la naturaleza
mental del Universo. Examina cualesquiera otras concepciones, y
ved si existe alguna que no lo admita.
Mas el punto de vista absoluto muestra únicamente un solo lado
de la cuestión, siendo el otro el aspecto relativo de la misma.
Las verdades absolutas han sido definidas "como las cosas, tal
como las conoce y las ve la mente de Dios", mientras que las
verdades relativas son "las cosas tal como la más elevada razón
del hombre las comprende". Y de esta manera, mientras que para
el TODO el Universo debe ser ilusorio e irreal, un simple sueño
o resultado de la meditación, sin embargo para las mentes
finitas que forman parte de ese Universo, y mirando a través de
las mortales facultades, el Universo es ciertamente real, y así
debe ser considerado. Al reconocer así el punto de vista
absoluto, no cometeremos el error de ignorar o negar los hechos
y fenómenos del Universo, tal como se nos presentan antes
nuestras facultades mortales: no somos el TODO, recordémoslo.
Para emplear ilustraciones familiares, podemos reconocer el
hecho de que la materia "existe" para nuestros sentidos, y
haríamos muy mal si así no lo reconociéramos. Y, a pesar de
ello, nuestra mente finita reconoce la verdad científica de que
no hay tal materia desde el punto de vista de la ciencia, y que
lo que llamamos materia no es más que un agregado de átomos,
átomos los cuales a su vez, no son más que unidades de fuerza
agrupadas que llamamos "electrones" o "iones", vibrando
constantemente con movimiento circular.
Golpeamos una piedra y sentimos el impacto, parece ser real, y,
a pesar de ello, sabemos que no es más que lo ya expuesto.
Pero recuerden que nuestro pie, que siente el golpe mediante la
intervención del cerebro, es similarmente materia constituida
por electrones, y por que de esa materia está hecho también
nuestro cerebro. Y, por último, si no fuera por la mente, no
sabríamos nada ni del pie ni de la piedra absolutamente.
Además, el ideal que un artista o un escultor tratan de
reproducir en el mármol o en el lienzo les parece muy real.
Igualmente sucede con los personajes que crea la mente de un
autor teatral, quien trata de expresarlos para que los demás
puedan reconocerlos. Y si esto fuera cierto en el caso de
nuestras mentes finitas, ¿cuál sería el grado de realidad de las
imágenes mentales creadas en la mente del Infinito? ¡Oh, para
los mortales este universo de mentalidad es ciertamente muy
real! Es el único que jamás podremos conocer, aunque nos
elevemos de plano en plano, cada vez más alto. Para que lo
pudiéramos conocer de otra manera, por experiencia actual,
tendríamos que ser el TODO mismo. Es muy cierto que, cuanto más
nos elevamos en la escala, tanto más cerca nos encontraremos de
la mente del Padre y tanto más evidente se hace la naturaleza
ilusoria de las cosas finitas, pero hasta que el TODO no nos
absorba finalmente dentro de Él mismo no se desvanecerá la
visión.
De manera, pues, que no necesitamos basarnos en esa ilusión.
Reconozcamos mas bien la verdadera naturaleza del Universo y
tratemos de comprender sus leyes mentales, esforzándonos en
emplearlas en la forma más efectiva para nuestro progreso
ascendente en toda la vida conforme vamos viajando de un plano a
otro del ser. Las leyes del Universo no dejan de ser "leyes de
hierro" porque sean de naturaleza mental. Todos excepto el TODO,
están sujetos a ellas. Lo que está en la infinita mente del TODO
es real, solo un grado menos que la realidad misma que
constituye la naturaleza del TODO.
No nos sintamos, pues, inseguros o temerosos; sintámonos
firmemente sostenidos en la mente infinita, y nada existe que
pueda dañarnos o causarnos miedo. No hay poder alguno fuera del
TODO que pueda afectarnos. Podemos permanecer tranquilos y
seguros. Y en esta realización, una vez alcanzada, existe una
plenitud de seguridad y calma. Entonces dormiremos serenamente
sobre la firmeza inconcebible de lo Profundo, y descansaremos
seguramente sobre el Océano de la mente Infinita que constituye
al TODO. En Él, ciertamente, vivimos, nos movemos y tenemos
nuestro ser.
La materia no es menos materia para nosotros mientras
permanezcamos en ese plano, aunque sepamos que no es más que un
agregado de partículas de fuerza, o electrones, que vibran
rápidamente, girando unas en torno de otras, en la formación de
los átomos. Los átomos, a su vez giran y vibran y forman así las
moléculas, y la agrupación de estas últimas componen las grandes
masas de materia. Y no será menos materia por el hecho de que,
cuando avancemos en nuestra investigación, sepamos que la
fuerza, cuyas unidades son los electrones, no son a su vez más
que unidades de manifestación de la mente del TODO, y que como
todo lo demás en el universo es puramente mental en su
naturaleza. Aunque en el plano de la Materia tenemos que
reconocer sus fenómenos, podemos dominarla (como lo hacen todos
los maestros en menor o mayor grado), aplicándoles las fuerzas
superiores. Cometeríamos así una locura si negáramos la
existencia de la materia en ese aspecto relativo. Podemos, sí,
negar su dominio sobre nosotros; está bien, pero no debemos
intentar ignorarla en su aspecto relativo, por lo menos mientras
vivamos en este plano.
Las leyes de la naturaleza tampoco se hacen menos constantes o
efectivas por el hecho de que las conozcamos y sepamos que son
simples creaciones mentales. Obran plenamente en todos los
planos. Y nos libertamos de las leyes inferiores, aplicándoles
las superiores, y solo podemos conseguirlo de ésta manera. Pero
no podemos escapar a la Ley o elevarnos por encima de ella
completamente. Nadie, sino el TODO, puede escapar a la Ley, y
esto es debido a que el TODO es la ley misma, de la cual todas
las demás brotan. Los más avanzados maestros pueden adquirir los
poderes que se atribuyen generalmente a los dioses, y existen
muchos grados del ser en la gran jerarquía de la vida, cuyos
poderes trascienden hasta los de los más elevados maestros, en
un grado inconcebible para los mortales, pero hasta el Maestro
más grande y el ser más elevado debe inclinarse ante la Ley y
son como nada ante los ojos del TODO. Así que si hasta esos
elevados seres, cuyos poderes exceden a los atribuidos por el
hombre a sus dioses, están sujetos y sirven a la Ley, imagina la
presunción del mortal de nuestra raza cuando mira las leyes de
la Naturaleza como "irreales", visionarias e ilusorias, porque
ha podido alcanzar a ver que esas leyes son de naturaleza
mental, o simples creaciones del TODO. Esas leyes que el TODO
quiere que rijan no pueden ser desafiadas o transgredidas.
Mientras subsista el Universo subsistirán, porque aquel existe
en virtud de esas leyes, las que forman la trama o el esqueleto
en que el Universo se apoya.
El Principio hermético del Mentalismo, a la vez que explica la
verdadera naturaleza del Universo sobre la base de que todo es
mental, no cambia las concepciones científicas del Universo, de
la vida o de la evolución. En realidad, la ciencia no hace más
que corroborar las enseñanzas herméticas. Estas últimas enseñan
que la naturaleza del Universo es mental, mientras que la
ciencia afirma que es "material"; o, según sus últimas noticias,
que es "energía" en el último análisis. Las enseñanzas
herméticas tampoco están en pugna con el principio básico de
Herbert Spencer, que postuló la existencia de una "Energía
Infinita y Eterna, de la cual proceden todas las cosas". En
realidad, los hermetistas reconocen en la filosofía de Spencer
la más elevada expresión de la obra de las leyes naturales que
jamás se promulgara, y creen que Spencer era una reencarnación
de un antiguo filósofo que vivió en Egipto millares de años ha,
y que más tarde vivió como Heráclito, el filósofo griego que
viviera en el año 500 A. C. Y consideran su doctrina de la
"energía infinita y eterna" como de acuerdo con las enseñanzas
herméticas siempre con el agregado de que esa energía es la
mente del TODO. Con esta clave-maestra de la filosofía Hermética
puede el estudiante de Spencer abrir muchas puertas de las
concepciones filosóficas internas del gran filósofo inglés,
cuyas obras demuestran los resultados de su preparación en sus
encarnaciones anteriores. Sus enseñanzas respecto a la Evolución
y al Ritmo están casi de perfecto acuerdo con la Doctrina
Hermética referente al principio del Ritmo.
Así, pues, el estudiante no necesita dejar a un lado los puntos
de vista científicos referentes al Universo. Todo lo que se le
pide es que comprenda el principio básico de que el TODO es
mente, de que el Universo es mental: sostenido firmemente en la
mente del TODO. Y encontrará que los otros seis principios
concuerdan perfectamente con este conocimiento científico, y
servirán para dilucidar plenamente los puntos oscuros. No hay
que maravillarse de ello, si se considera la influencia que el
pensamiento hermético ejerciera sobre los filósofos primitivos
de Grecia, sobre cuyas doctrinas descansan en gran parte las
teorías de la ciencia actual. La aceptación del primer principio
hermético (mentalismo) es la única gran diferencia entre la
ciencia moderna y los estudiantes herméticos, y la ciencia se va
dirigiendo gradualmente hacia ese punto, conforme avanza a
través de la oscuridad y va encontrando su camino en el
laberinto en que se ha metido en busca de la Realidad.
El objeto de esta lección es imprimir en la mente del estudiante
el hecho de que el Universo y sus leyes y sus fenómenos son tan
reales, en lo que al hombre concierne, como lo serían bajo la
hipótesis del materialismo y de la energía. Bajo cualquier
hipótesis, el Universo, en su aspecto externo, está siempre
cambiando y es transitorio, y, por consiguiente, está
desprovisto de realidad substancial. Pero, y nótese el otro polo
de la verdad, bajo cualquiera de dichas hipótesis estamos
obligados a obrar y a vivir como si esas cosas fugaces fueran
reales y substanciales. Con esta diferencia siempre, que según
las doctrinas se ignoraba el poder mental como Fuerza Natural,
mientras que ahora vemos que el Mentalismo es la mayor fuerza de
esa clase. Y esta sola diferencia basta para revolucionar la
vida de aquellos que comprenden el principio y la práctica y
leyes resultantes.
Por último, una vez que se comprenda la ventaja del Mentalismo
se aprende a conocer, emplear y aplicar las leyes resultantes.
Pero no se caiga en la tentación que, según indica el "kybalión",
acecha al semisabio que lo hace hipnotizarse por la aparente
irrealidad de las cosas, siendo su conciencia que camina de un
lado para otro como soñando, viviendo en un mundo de ensueños,
ignorando la vida diaria y su trabajo, siendo su final que se
destrozará contra las rocas y se disolverá en los elementos, en
razón de su locura. Más bien seguid el ejemplo del sabio que la
misma autoridad indica: "úsese la Ley contra las leyes; lo
superior contra lo inferior, y por el arte de la alquimia
trasmutad lo que no es deseable en lo estimable, triunfando en
esa forma". De acuerdo con esta doctrina, debe evitarse la
semisabiduría, que es locura y que ignora la verdad de que: "El
dominio consiste, no en sueños anormales o visiones y
fantásticas imaginaciones, sino en emplear las fuerzas
superiores contra las inferiores, escapando así a los dolores de
los planos inferiores mediante la elevación a los superiores".
Recuérdese siempre que la " transmutación y no la negación
presuntuosa es el arma del Maestro". Las citas antedichas
pertenecen al "Kybalión", y son muy dignas de tenerlas siempre
presentes.
No vivimos en un mundo de sueños, sino en un Universo que, si
bien es relativo, es real, por lo menos en lo que concierne a
nuestra vida y obras. Nuestra misión en el Universo no es negar
su existencia, sino vivir, empleando debidamente sus leyes para
ascender de lo inferior a lo superior, viviendo y haciendo lo
mejor que podamos dentro de las circunstancias que surgen cada
día, y viviendo, todo lo posible, nuestras más elevadas ideas e
ideales. El verdadero significado de la vida no es conocido por
el hombre en este plano - si es que alguien lo conoce -; pero
los más sabios, y nuestras propias intuiciones también, nos
enseñan que no nos equivocaremos si tratamos de vivir lo mejor
posible y realizar la tendencia universal en el mismo sentido, a
pesar de las aparentes evidencias en contra. Todos estamos en el
Camino, y esta vía va siempre ascendiendo, con frecuentes sitios
de reposo.
Léase el mensaje del "Kybalión", y sígase el ejemplo del sabio,
evitando el error del semi sabio, quien perece en razón de su
locura.
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